Ilustración de Alix caminando hacia lo desconocido con un cuaderno en la mano

Mañana no sabrás ni quién eres.

Eso siempre fue verdad: con la edad la mayoría perdemos hasta la mente, todo se va borrando. Pero ahora no hay mañana ni es una cuestión de edad; la inteligencia artificial nos borra, nos diluye. Lo “sabe” todo, lo manipula todo, convierte todo en… inteligencia artificial.

¿Qué quedará para los humanos? Empieza a guardar las memorias de quien fuiste, como un humano real en tus propias palabras. De quien eres, amores, sinsabores, alegrías y desalientos, de quienes te acompañaron. Antes de que dejes de serlo; cómo quieres que te recuerden quienes quieres que te recuerden.

Empezando por ti. Ni tú te reconocerás en un par de años, y no porque hayas envejecido mucho, sino porque ya no tendrás una voz propia, propiamente tuya.

Ni voz ni voto. Sobre lo único que puedes decidir, a duras penas, es sobre cuál vivencia es tuya y cómo quieres que el mundo te recuerde, recordarte, preservar tu memoria como lo único que te pertenece.

Hago una predicción editorial: la memoir se va a convertir en el género por excelencia dentro de la literatura de no ficción en los próximos años. Nunca antes ha habido tal necesidad de sabernos, recordarnos quienes fuimos, dejarlo por escrito, de nuestro puño y letra.

De alguna manera siempre ha sido así, pero nunca antes había existido tal necesidad de reafirmación de identidad, de dejar la más íntima y personal huella de nuestro paso por la vida, de quienes somos, de nuestra búsqueda personal de significado.

Porque, si hay algo que nadie nos puede quitar ni robar, ni decir con mejores palabras, son nuestros recuerdos y experiencias.

Nunca la frase de Buffon “Le style c’est l’homme même” fue más cierta. Cuando la inteligencia artificial se apropia de tu voz, empiezas a dejar de existir en la realidad; a habitar un mundo sin experiencias reales, desinfectadas, sanitized, hecho ya no de palabras sino de algorítmicos tokens que hablan por todos en voz de nadie.

Son nuestras propias experiencias, nuestra visión del mundo en que nacimos, cómo vivimos, qué aprendimos de nuestra propia vida, qué queremos saber, qué nos falta, hacia dónde vamos, qué nos depara el destino, qué queremos, cómo queremos que nos recuerden.

El afán de trascendencia del ser humano no nos abandona. La noción de la inmortalidad nació de una necesidad profundamente humana de ser recordados, cuando menos, por nuestros seres queridos. Esa voluntad de trascender solo podría morir el día que dejara de existir la humanidad como la conocemos hoy.

Pero, claro, pensamos que eso nunca sucedería.

Empieza a escribir tus memorias hoy; mañana no sabrás ni quién eres.

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