Hoy, como nunca antes, tenemos las mejores razones.

Ahora publico libros. Simplemente porque puedo hacerlo. Porque sé hacerlo y me entusiasma, de nuevo y más que nunca. Porque toda mi vida ha girado alrededor del libro: como lector, como escritor, como editor, amante incondicional de la palabra escrita.
Durante los últimos diez o doce años impartí cursos y talleres de storytelling. Era lo que había que hacer. Era lo que mejor sabía hacer. Al final, me había preparado para ello desde mis estudios de Lengua Inglesa y del profesorado de inglés, aunque había dejado la docencia cuando llegué a México. La retomé para trabajar con empresas, autores, individuos y grupos, y durante una década la enseñanza estuvo en el centro de mi vida.
Después llegó la pandemia. Los cursos para empresas, que me hacían viajar por todo México y América Latina —el viaje era parte del disfrute—, pasaron a un segundo plano. Todo empezó a hacerse a distancia, cada uno encerrado en su casa. Cambió mi manera de ver mi trabajo y, sin saberlo aún, empecé a rediseñar mi vida profesional.
Mientras tanto, seguía ayudando a publicar autores independientes. Lo había hecho toda mi vida, de una forma u otra: creando revistas, rediseñando publicaciones periódicas, editando libros, acompañando proyectos editoriales.
Luego llegó ChatGPT. A finales de noviembre de 2022, el mundo —mi mundo y el de todos— cambió de forma irreversible. También cambió la demanda de los cursos y talleres.
Los dos últimos años en Estados Unidos han sido un sabático dedicado a escribir, adentrarme en la inteligencia artificial y ayudar a mi hijo a consolidar Miami Storytelling Studio, la evolución natural de la empresa que creamos juntos en Cancún.
Comprendí algo que siempre había estado ahí: mi vocación seguía siendo el libro, la escritura, la lectura.
Enseñar, a la vieja usanza, había dejado de ocupar el centro de mi vida. El acompañamiento individual se imponía; seguir a un autor hasta tener el libro terminado entre las manos, me entusiasma más cada día. Ver y palpar el resultado.
Al mismo tiempo, llevaba años desarrollando una idea que comenzó como una novela y terminó convirtiéndose en una serie de ocho. El proyecto cambió de dimensión cuando empecé a trabajar con herramientas de guion como Final Draft. De pronto, aparecieron nuevas posibilidades narrativas que iban mucho más allá de Word.
La llegada de la inteligencia artificial terminó de transformar ese panorama. Cientos de herramientas empezaron a aparecer a un ritmo imposible de seguir. Entendí que cualquier futuro que yo quisiera construir alrededor de los libros pasaba por aprender a trabajar con ellas. El antes y el después.
Los últimos dos años han sido, en muchos sentidos, un sabático. Los he dedicado a construir una empresa diferente, a replantear mi manera de trabajar y, sobre todo, a desarrollar mi propia obra: una serie de ocho novelas concebidas como una sola gran historia.
De ahí surgió también la idea de crear mi propia editorial. Mi trayectoria me puso de nuevo en el camino. Después de muchos años, reafirmo mi silenciosa, velada pasión de toda una vida: los libros. La misma de siempre. ¡Hay tantas herramientas nuevas, tanto por hacer!